Saltar al contenido

Una madre dominicana, doña Santa Casilla

16 de mayo de 2025

Una historia de coraje emergió en medio del drama vivido durante las lluvias en el sector Lavapié, donde un adolescente decidió desafiar la oscuridad de una alcantarilla para salvar una vida.

Movido por la angustia de saber que una niña seguía atrapada, este joven no esperó instrucciones ni condiciones ideales: simplemente no pudo dormir con la idea de que ella seguía ahí, sola.

Antes de salir nuevamente al lugar del incidente, le expresó a su madre que sentía en el corazón que la menor estaba con vida. Su madre, doña Santa Casilla, lo miró con el alma en la garganta y solo pudo responderle con una bendición: “Ve, mi hijo, y que Dios te ayude”.

Esa simple frase bastó para que el muchacho se lanzara por segunda vez al peligro. Con sacos improvisó una barrera que redujo la fuerza del agua, y sin pensarlo dos veces, se metió al drenaje, avanzando a rastras entre lodo y tubos, hasta que la encontró aferrada a una varilla, sin soltarla.

La joven fue cargada sobre el hombro del rescatista improvisado y llevada hasta la superficie. Mientras los vecinos aplaudían y se emocionaban por el rescate, doña Santa apenas podía creer que su hijo había logrado lo que parecía imposible.

Entre lágrimas, dijo que lo ocurrido fue un verdadero milagro, y no solo por el resultado, sino por la valentía que brotó de una familia que se negó a quedarse de brazos cruzados.

El valor no vino solo del menor. Varios familiares también se sumaron a la búsqueda, según narró la madre, y toda la comunidad reconoció ese gesto solidario.

Personas de distintos sectores, incluso desde la capital, se acercaron a la humilde casa para conocer al joven héroe, quien —según su madre— es el más pequeño de todos y hoy lleva en el pecho el orgullo de haber salvado una vida.

Al final, doña Santa hizo una reflexión urgente para todas las familias dominicanas: hay que tener más cuidado con los niños durante las tormentas.

Recordó que la adolescente rescatada fue arrastrada cuando regresaba sola de la escuela. “Aquí se inunda demasiado rápido. Los niños no miden el peligro”, dijo, mientras sostenía la mirada al horizonte, como quien acaba de presenciar algo que marcará su vida para siempre.