
Durante la proyección de un audiovisual presentado como parte del acto conmemorativo, el ambiente se cargó de una emoción difícil de disimular. Entre los presentes, una de las escenas que más llamó la atención fue la de Jennifer, joven sobreviviente de la tragedia, quien no pudo contener el llanto al revivir lo ocurrido.
Su reacción reflejó no solo el peso emocional que todavía arrastra, sino también la indignación que siente al continuar enfrentando las secuelas físicas que le dejó aquel hecho. A un año de lo sucedido, su testimonio dejó en evidencia que para muchos sobrevivientes la tragedia no terminó ese día, sino que sigue presente en su vida cotidiana, en su salud y en el proceso de recuperación que aún les toca atravesar.
En medio de ese escenario de dolor, también se escucharon voces que insistieron en que la memoria de las víctimas no puede quedarse solo en el recuerdo. Micaías Pérez, hermano del artista fallecido, aprovechó el momento para hacer un llamado a la conciencia colectiva, planteando que una tragedia de esa magnitud debe empujar al país a reflexionar seriamente sobre sus prioridades.
Señaló que no se puede seguir permitiendo que intereses económicos, descuidos o falta de responsabilidad terminen colocándose por encima del valor de la vida humana. Asimismo, reafirmó que el reclamo de justicia debe mantenerse vivo, no solo por quienes perdieron la vida, sino también por los sobrevivientes y por las familias que todavía cargan con el dolor de aquel episodio que marcó profundamente a la sociedad dominicana.
