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Paulina Benítez de la Rosa

9 de mayo de 2025

Una noche que prometía alegría y reencuentro terminó marcando para siempre la vida de una madre. En abril, durante una presentación del merenguero Rubby Pérez en la discoteca Jet Set de Santo Domingo, el colapso del techo sorprendió a los asistentes y dejó múltiples víctimas.

Una de ellas fue Paulina Benítez de la Rosa, quien resistió más de cinco horas atrapada bajo los escombros, con severas heridas en ambas piernas, mientras perdía a su hijo y a su nuera en medio del desastre.

Habían pasado apenas seis días desde que su hijo llegó desde España, donde vivía desde hacía más de cinco años. El viaje tenía un único propósito: compartir una noche especial junto a su madre, motivado por el amor que ambos sentían por la música de Rubby Pérez.

Compraron boletas, coordinaron la salida familiar y asistieron al evento sin imaginar que sería su última reunión. Durante la interpretación de “Color de Rosas”, la estructura comenzó a ceder. Paulina recuerda cómo del techo comenzaron a caer partículas antes del desplome total que la dejó inmovilizada y en la oscuridad.

A pesar del dolor, del polvo y del miedo, Paulina no perdió la calma. Oró, alentó a quienes estaban cerca y se aferró a la vida. Su rescate ocurrió ya entrada la mañana del día siguiente.

Pasó siete días en cuidados intensivos sin perder la consciencia, hasta que una psicóloga le dio la noticia que destrozó su corazón: su hijo había fallecido. Desde entonces, su vida cambió radicalmente, no solo por la pérdida, sino también por la ausencia de respuestas. La Fundación Jet Set, creada tras la tragedia, nunca se ha acercado a su familia.

La única mano extendida vino de organizaciones solidarias como Jumpéame, que cubrió gran parte de los gastos médicos. Aunque algunos organismos estatales se presentaron en su residencia, el apoyo concreto no ha llegado. Mientras continúa recuperándose, Paulina y su familia han iniciado procesos legales en busca de justicia y reparación.

Con su fe como refugio, ella sostiene que nunca perdió la esperanza, ni siquiera cuando todo parecía perdido. Su testimonio es una denuncia viva de una tragedia que pudo evitarse y que aún clama por respuestas.