
En medio de una incertidumbre que ya supera las seis semanas, una familia en Jarabacoa continúa aferrada a la esperanza de hallar a su hijo. Desde el momento en que el pequeño Roldany desapareció, su padre Efraín Calderón y su madre Caroline Vargas no han dejado de mover cielo y tierra para dar con su paradero.
“Yo no tengo enemigo. Juego gallo, pero ni en la gallera le debo un peso a nadie”, aseguró Efraín con voz quebrada en el programa De Extremo a Extremo, donde asistieron en busca de respuestas que aún no han llegado de las autoridades.
Con apoyo del regidor Roberto Ureña y del abogado Cabral, la familia ha reunido pruebas, recolectado testimonios y ubicado más de 110 cámaras de vigilancia, cuyas grabaciones entregaron al Ministerio Público.
Sin embargo, denuncian que ni una sola de estas evidencias ha sido debidamente procesada. Lo más alarmante, según Ureña, es que incluso testigos identificaron un motor a alta velocidad con un niño que coincidía con la descripción de Roldany, pero esa pista ha sido completamente ignorada. “Esto no parece simple negligencia, esto huele a encubrimiento”, dijo con firmeza el abogado de la familia.
Mientras tanto, el dolor y el agotamiento emocional golpean cada día más fuerte. Caroline relató que ni ella ni su hija han recibido atención psicológica y que el miedo se ha instalado en su hogar. “Mi niña le tiene terror a la Policía… y nadie nos ha llamado, nadie del Estado se ha acercado a ayudarnos”, afirmó entre lágrimas.
La sensación de abandono se ha intensificado ante el silencio de funcionarios que, pese a haber visitado Jarabacoa, ni siquiera han mostrado interés por la desaparición del niño.
La frustración ha llevado a la familia a tomar una decisión contundente. Si antes de las 5:00 p. m. de hoy no reciben respuesta oficial, se encadenarán frente a la Procuraduría General como medida de presión. No están pidiendo culpables, sólo piden que se active una búsqueda real y comprometida.
“Queremos a Roldany, vivo o con la verdad sobre dónde está”, clamó su padre, entre dolor e indignación. La comunidad, comunicadores y aliados se han unido a esta causa que, hasta el momento, ha sido ignorada por quienes deberían estar al frente.
