
Santo Domingo, República Dominicana. Con la voz entrecortada y el alma dolida, el legendario merenguero dominicano Fernando Villalona expresó su profunda consternación tras el trágico fallecimiento del ex Grandes Ligas Octavio Dotel, revelando detalles que aportan una dimensión emocional inesperada al suceso:
“Esa iba a ser su última fiesta. Me lo prometió. Se estaba entregando a Dios”,confesó el artista.
El evento, celebrado en el icónico centro nocturno Jet Set, marcaba un punto de cierre simbólico en la vida de Dotel, quien según Villalona, había comenzado a participar activamente en retiros cristianos por petición de su esposa, comprometiéndose con ella a no volver a las fiestas tras esa noche.
“Me dijo que era la última, y mira lo que pasó. Me duele demasiado”, expresó el intérprete con una mezcla de incredulidad y tristeza.
Villalona no ocultó el impacto emocional del momento, destacando no solo el carisma y alegría de Dotel, sino su conexión única con la música.
“Para mí, era el mejor cantante entre los peloteros, junto con José Lima. Su sonrisa, su ambiente, su amor por los demás… no tengo palabras”, dijo conmovido, recordando cómo Dotel desbordaba energía cada vez que tomaba un micrófono.
El testimonio del cantante va más allá del homenaje, transformándose en una crónica personal de un vínculo que trascendía el escenario y el deporte.
“Ese día pude haber estado ahí… pero las cosas de Dios son misteriosas”, reflexionó Villalona, aludiendo al carácter inexplicable de la pérdida.
Consultado sobre Rubby Pérez, otro ícono del merengue con quien compartió años de escenario, Villalona apenas logró pronunciar palabras coherentes entre la emoción que lo embargaba.
“Es mi mejor orgullo de todos los artistas que pasaron por mi orquesta. Su fuerza, su entrega, es algo que no se puede explicar con palabras. Estoy muy afectado”, reconoció.
Las declaraciones de Fernando Villalona se dan en un contexto donde la música y el béisbol, dos pilares de la identidad dominicana, se entrelazan una vez más en medio del duelo nacional por la pérdida de una figura querida, recordada no solo por sus hazañas en el terreno de juego, sino por su humanidad y calidez, celebradas incluso en su última noche entre amigos.

