Saltar al contenido

El norteamericano Robert Francis Prevost

8 de mayo de 2025

Su llegada al papado ha despertado recuerdos entrañables en quienes lo conocieron de cerca mucho antes de asumir su nuevo rol.

El nuevo líder de la Iglesia Católica, Robert Francis Prevost, no solo es recordado como un alto representante de la Orden de San Agustín, sino también como un hombre que caminó con los pies en la tierra por comunidades dominicanas, llevando palabras de aliento y fe a quienes más lo necesitaban.

Durante más de una década, su rostro se hizo familiar en rincones humildes de La Vega, donde su labor misionera dejó una huella imborrable.

Con paso firme y actitud cercana, recorrió lugares como Palmarito, Barranca, Jamo y Licey, compartiendo con familias, estudiantes y religiosos. Su presencia no pasaba desapercibida: hablaba con humildad, escuchaba con atención y se entregaba con sinceridad al servicio pastoral. Fue precisamente en ese contexto que recibió la Orden San Agustín, el más alto honor de la congregación en el país.

Una visita en particular, en el año 2004 al Colegio Agustiniano de La Vega, se mantiene viva en la memoria colectiva. En esa ocasión, quienes lo escucharon lo describen como un hombre sencillo y sabio, capaz de conectar con niños, jóvenes y adultos por igual.

Su cercanía lo convertía en alguien accesible, muy distinto de la imagen distante que a veces se asocia a figuras eclesiásticas de alto rango. Para la comunidad educativa fue una experiencia transformadora, y para él, un lazo más con un pueblo al que supo querer.

Hoy, convertido en el nuevo papa, su elección representa más que una decisión institucional: es el ascenso de un pastor que supo caminar con su gente.

Su tiempo en República Dominicana no fue un capítulo menor, sino una etapa que ayudó a forjar su estilo de liderazgo, basado en la empatía, el diálogo y la entrega. Para quienes lo vieron en acción, no es solo el papa Robert Francis Prevost, sino aquel servidor que un día les llevó esperanza en persona.