
Santo Domingo, República Dominicana. “He estado de un funeral a otro”, confesó con voz entrecortada David Ortiz, mientras procesaba el profundo impacto que dejó en su vida el reciente incidente ocurrido en la discoteca Jet Set, una tragedia que le arrebató a varias personas cercanas a su entorno personal.
El emblemático exjugador de Grandes Ligas no pudo ocultar su tristeza al referirse a los hechos, en los que fallecieron múltiples personas, algunas de ellas parte de su círculo íntimo.
“Big Papi”, como es conocido mundialmente, lamentó profundamente lo sucedido, al tiempo que expresó que esta dolorosa vivencia lo ha llevado a reflexionar sobre el rumbo de la sociedad dominicana.
Conmovido por las pérdidas, Ortiz compartió que ha tenido que ir de velorio en velorio, enfrentando el peso emocional de cada despedida.
En sus declaraciones, transmitió un mensaje directo, cargado de preocupación y de fe: “Esto es un llamado de atención de parte de Dios”, afirmó, subrayando la creciente violencia y el deterioro de los valores en la vida social dominicana.
“Estamos viviendo en una sociedad muy agresiva y corrompida”, expresó con visible angustia. Para Ortiz, esta tragedia no puede pasar desapercibida, pues refleja una realidad que exige cambios profundos en la conciencia colectiva.
“Tenemos que revisarnos como sociedad”, insistió, haciendo un llamado urgente a la reflexión y al compromiso ciudadano con el respeto y la convivencia pacífica.
En medio del dolor, David Ortiz también tuvo palabras especiales para su colega y amigo, el expelotero Octavio Dotel, a quien describió como un ser humano alegre, solidario y resiliente. Lo calificó como un verdadero guerrero de la vida, admirado por su capacidad de superar cada obstáculo con determinación y una sonrisa.
El testimonio de Ortiz pone de relieve la dimensión humana de la tragedia, más allá de los titulares, mostrando cómo la pérdida de vidas queridas impacta incluso a las figuras más emblemáticas del deporte.
Desde hoy, su mensaje resuena como una advertencia y un llamado a despertar la conciencia de un país que, según sus palabras, necesita recuperar su esencia y reconstruir su tejido social desde el respeto y la empatía.
