
La desesperación golpeó a una familia de Santiago al enterarse de la muerte de Carlos Antonio Fernández, un hombre de 45 años que padecía trastornos mentales y que falleció bajo custodia en la cárcel pública La Concepción, en La Vega.
La noticia fue devastadora no solo por la pérdida, sino por las graves sospechas que rodean el caso: denuncias de tortura dentro del penal y la falta total de información a los familiares.
Su ingreso a la justicia ocurrió tras un altercado familiar que llevó a su propia madre a presentarlo ante las autoridades.
El tribunal dictó una medida de coerción con una garantía económica de 20 mil pesos. Pero al no poder cubrir esa suma, y sin que su familia fuera notificada, el hombre fue enviado a prisión, lejos de su entorno y de su tratamiento médico habitual.
Fiordaliza Fernández, su hermana, aseguró que las condiciones en las que su hermano llegó al hospital eran inhumanas: cubierto de tierra, en estado crítico y con signos evidentes de haber sido maltratado.
De acuerdo con la doctora que lo atendió, el cuadro clínico era consecuencia de un trato salvaje. Las lesiones fueron tan severas que debió ser entubado de inmediato.
Carlos Antonio había vivido toda su vida en el sector La Otra Banda, específicamente en Villa Liberación. Por más de dos décadas recibió tratamiento continuo para controlar su condición de salud mental, siempre bajo supervisión médica. Nadie de su entorno fue informado de su traslado ni de su deterioro, hasta que fue demasiado tarde.
